La Audiencia Provincial de Alicante, en sentencia de 8 de febrero de 2017, Rec. 495/2016,  se ha pronunciado en relación a la demanda planteada por una ciudadana que venía sufriendo las inmisiones sonoras de un local que superaban los límites tolerables, además del ruido que de por sí emanaba de los aparatos de aire acondicionado.

El Juzgado de Primera Instancia 1 de Elda, ante quién recayó el conocimiento de la demanda, había desestimado las pretensiones de la mujer, que había solicitado la condena consistente en la realización de obras para que cesaran las inmisiones sonoras, así como la indemnización por los daños y perjuicios ocasionados por dicha inmisión.

La Sala recuerda la doctrina jurisprudencial aplicable a estos supuestos, como la STS de 29 de abril de 2003 donde se indica que el derecho a la intimidad reclama para su ejercicio -y especialmente dentro del domicilio y su entorno- un ámbito inmune frente a las agresiones perturbadoras, procedentes del exterior, que no exijan el deber específico de soportarlas; entre estas agresiones se encuentran los ruidos desaforados y persistentes, aunque éstos procedan, en principio, del desarrollo de actividades lícitas que dejan de serlo, cuando se traspasan determinados límites que pasan a suponer vulneración del derecho fundamental del artículo 18 CE.

El ruido es considerado como un sonido indeseado por el receptor o como una sensación auditiva desagradable y molesta, es causa de preocupación en la actualidad, por sus efectos sobre la salud, sobre el comportamiento humano individual y grupal, debido a las consecuencias físicas, psíquicas y sociales que conlleva.

 

Según indica la Sala, la pericial que fue aportada en la instancia corrobora que en la vivienda de la demandante se producían inmisiones sonoras, probablemente por insuficiencia de aislamiento, en las ocasiones en que en el local del demandado se celebraban conciertos, que se realizaban de forma habitual y no puntual, con asistencia de público; al sonido de la música debía añadirse el ruido que producía aquél, que superaba los límites tolerables.

Se constató igualmente que el aislamiento del local era insuficiente en función de las actividades que desarrollaba, especialmente la de conciertos. Además, se comprobó por el perito que el aparato de aire acondicionado situado justo debajo de la ventana del dormitorio de la demandante emitía sonidos y vibraciones por encima de lo normal, que sumados a los ruidos emitidos por el local, afectaban muy negativamente a su vida y descanso cotidianos (Se acreditó una medición superior en muchas ocasiones a los 40-45 decibelios en horario diurno y a los 30-35 en el nocturno

 

La indemnización por daños y perjuicios reclamada era de 14.303,04 euros, dado que venía sufriendo desde casi 10 años un síndrome ansioso depresivo moderado, que se había cronificado; constaba acreditada dicha afectación y diagnosticada por informe facultativo; era incapaz de descansar los fines de semana debido a los ruidos del local, descartándose que los síntomas se debieran a otras circunstancias.

La prescripción de la acción que había alegado el demandado no es acogida por la Audiencia. Indica que el daño no se ha producido de una vez, sino que la situación se va agravando con el transcurso del tiempo,

La jurisprudencia para la prescripción  distingue entre los casos de “daño continuado” y lo casos de “daño permanente o duradero” (STS 30 de noviembre de 2011).

  • El “daño permanente o duradero”es aquel que se produce en un momento determinado por la conducta del demandado pero persiste a lo largo del tiempo con la posibilidad, incluso, de agravarse por factores ya del todo ajenos a la acción u omisión del demandado. En este caso el plazo de prescripción comienza a correr “desde que lo supo el agraviado”, o sea, desde que tuvo un cabal conocimiento del mismo y pudo medir su trascendencia; de otro modo se daría la hipótesis de absoluta imprescriptibilidad de la acción hasta la muerte del perjudicado, en el caso de daños personales, o la total pérdida de la cosa, en caso de daños materiales.
  • En cuanto al “daño continuado”o de producción sucesiva no se inicia el cómputo del plazo hasta la producción del resultado definitivo.

En estos casos, para determinar el momento en que el daño se encuentra suficientemente establecido hay que acudir a las circunstancias concretas de cada caso, y aun así, parece que no es posible conocer exactamente el momento en que el daño se ha consolidado definitivamente.

 

Se trata de un daño cuya consolidación no se puede entender que se produjo cuando aparecen los primeros síntomas y se realiza el diagnostico, puesto que no se trata de una acción puntual que genera un daño, sino que se trata de una actividad continuada y que sigue influyendo en la salud de la demandante, con lo que el alcance del daño solo quedará consolidado cuando cese la actividadHasta entonces, no se iniciará el plazo prescriptivo, por lo tanto, cuando la demandante ejercitó la acción, ésta no había prescrito.

Con base en los anteriores razonamientos, la Audiencia condena a los demandados a la suspensión inmediata de la actividad de conciertos en directo, otorgando a los mismos el plazo de un mes para proceder a la reparación del aparato de aire acondicionado y cuatro meses para el adecuado aislamiento del local Pub, de manera que se evite la transmisión del sonido y vibraciones a la vivienda propiedad de la demandante, con apercibimiento de cierre del local.

Además, a satisfacer a la reclamante la cantidad solicitada de 14.303,04 euros, con carácter solido.

 

Fuente: http://noticias.juridicas.com:8080/actualidad/jurisprudencia/11980-14-000-euros-por-soportar-los-decibelios-de-los-conciertos-en-directo-del-pub-de-su-edificio/

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